La incorporación de agentes de inteligencia artificial a los procesos empresariales está obligando a revisar algunas de las prácticas habituales de ciberseguridad. La gestión de identidades y permisos, la protección de los datos o la capacidad de recuperación ante incidentes adquieren una nueva dimensión cuando parte de las operaciones quedan en manos de sistemas autónomos. El reto no es sólo proteger estos sistemas frente a posibles ataques, sino también evitar que sus propias actuaciones comprometan la seguridad de la organización.
En este contexto, Dell Technologies ha identificado cinco aspectos que las empresas deberían revisar para reducir los riesgos asociados a la IA agéntica, desde la protección de la infraestructura y los dispositivos hasta el control y la supervisión de las acciones que ejecutan los agentes.
1. Incorporar la seguridad y la recuperación desde el principio
La seguridad debe formar parte del diseño de los sistemas de IA, tanto en la infraestructura como en las aplicaciones y los procesos que intervienen. Esto implica aplicar controles de acceso, proteger la cadena de suministro tecnológica y disponer de mecanismos de recuperación ante incidentes.
Según un informe de Dell sobre ciberresiliencia en EMEA, aunque el 99,8 % de las organizaciones afirma contar con una estrategia de resiliencia, el 59 % reconoce que no consiguió recuperarse eficazmente en su última prueba o incidente.
2. Controlar los datos a los que acceden los agentes
Los agentes necesitan información para realizar sus tareas, pero no deberían tener acceso indiscriminado a los datos corporativos.
Las empresas deben conocer qué información utilizan, de dónde procede y cómo circula entre los sistemas, además de establecer controles para evitar accesos o modificaciones no autorizadas. Dell recomienda aplicar los principios de Zero Trust, especialmente el mínimo privilegio y la verificación continua, junto con medidas de cifrado y monitorización.
3. No descuidar la seguridad de los dispositivos
Los equipos desde los que los empleados utilizan herramientas de IA también forman parte de la superficie de ataque. Por ello, es necesario reforzar la protección de los endpoints, gestionar las identidades y controlar las aplicaciones que pueden utilizarse.
Según el informe Modern Enterprise Readiness 2026 de Dell, el 90 % de los responsables de TI encuestados considera que los dispositivos con IA tendrán un papel importante en la estrategia futura de sus organizaciones. Su adopción, sin embargo, debe acompañarse de medidas de seguridad y gestión.
4. Establecer límites claros a la autonomía de los agentes
No basta con controlar qué información puede consultar un agente: también hay que determinar qué puede hacer con ella.
Cada agente debería disponer de una identidad y unos permisos definidos, así como de límites sobre los sistemas con los que puede interactuar y las operaciones que puede realizar.
También es importante establecer cuándo debe solicitar autorización humana y disponer de mecanismos para detener su actividad o revertir determinadas operaciones si se comporta de forma inesperada.
5. Registrar las acciones de la IA y poder explicar qué ha ocurrido
La autonomía de los agentes plantea otro problema: saber exactamente qué han hecho y quién es responsable de sus actuaciones.
Las organizaciones necesitan registros que permitan conocer a qué información ha accedido cada agente, qué modificaciones ha realizado y con qué aplicaciones ha interactuado.
Esta trazabilidad resulta fundamental para investigar incidentes, comprobar el cumplimiento de las políticas de seguridad y determinar responsabilidades.
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