NIS2 y DORA han elevado el estándar de la ciberseguridad en nuestro entorno. Han obligado a integrar el riesgo digital en el gobierno y en la toma de decisiones de las organizaciones como nunca. Esto ha situado a la resiliencia en la cúspide de la agenda corporativa.
La cuestión es que esta avalancha normativa está desbordando la capacidad real de ejecución del tejido empresarial. Muchas compañías sufren para traducir la ley en defensas efectivas, y corremos el riesgo de que la exigencia legal acabe convertida en un trámite burocrático en lugar de una protección tecnológica real. La regulación avanza a un ritmo acelerado, mientras que la capacidad técnica de despliegue en las empresas se queda atrás.
los esquemas tradicionales de ciberseguridad no fueron concebidos para soportar el nivel actual de presión regulatoria
Existe una distancia peligrosa entre estar al día con el papeleo y ser realmente resilientes. En el día a día de las empresas, las barreras rara vez son un problema de presupuesto o de falta de concienciación. Responden a cuellos de botella puramente operativos. La proliferación de exigencias, la fragmentación entre distintas jurisdicciones, la elevada dependencia de terceros, el control de la cadena de suministro y la marcada escasez de perfiles especializados capacitados hacen que la gestión del riesgo se vuelva difusa e inasumible en muchas ocasiones desde la práctica.
Esta desconexión deja al descubierto una realidad evidente: los esquemas tradicionales de ciberseguridad no fueron concebidos para soportar el nivel actual de presión regulatoria, la interconexión de las amenazas ni la volatilidad del entorno digital. Además, dentro de las propias estructuras corporativas observamos percepciones encontradas. Mientras los comités directivos tienden a asumir que el cumplimiento documental garantiza la protección, los especialistas en ciberseguridad evalúan la madurez operativa con mucha más rigurosidad, especialmente al analizar campos como la inteligencia artificial, la continuidad de negocio y las infraestructuras críticas.
El peligro de este desacuerdo es alto. Mientras las auditorías se limitan a comprobar que las políticas y medidas existan formalmente sobre el papel, los ciberdelincuentes operan en el terreno real buscando brechas funcionales que la burocracia no detecta. Limitar la ciberseguridad a un simple trámite para pasar el expediente nos da una falsa sensación de tranquilidad jurídica, pero deja a la empresa plenamente expuesta ante un incidente real.
El reto de verdad no es acatar más normativas ni acumular más certificaciones. Sí lo es implantar una ciberseguridad operativa capaz de encajar esta presión normativa sin resquebrajarse ni frenar la actividad de la compañía. Si el modelo operativo no es escalable ni sostenible en el tiempo, la regulación pierde su propósito original de mitigar riesgos y acaba convertida en una fuente añadida de trabas, costes y complejidad.
Toca dar el paso definitivo. Debemos transformar la ciberseguridad para que deje de ser esa carpeta que se archiva tras superar la inspección anual y sea realmente una capacidad estratégica transversal que sostenga y proteja, de verdad, la continuidad y el futuro empresarial.
Doris Seedorf, CEO de Softtek para España
La entrada De la exigencia regulatoria a la resiliencia estratégica: el compliance como catalizador de la ciberseguridad se publicó primero en Ciberseguridadtic.
