BARCELONA. Un joven de 26 años, sin grandes conocimientos técnicos, consigue comprometer varias entidades financieras utilizando herramientas de inteligencia artificial. Después de sustraer información, pregunta a la propia IA qué puede hacer con ella y cómo conseguir dinero. No es el argumento de una película ni una demostración preparada para un congreso. Es uno de los casos investigados por CrowdStrike que Adam Meyers, responsable de inteligencia de amenazas de la compañía, relató durante la tercera jornada de Fal.Con Europe 2026.
“2026 será el año del adversario agéntico”
La historia ilustra hasta qué punto está cambiando el perfil de los atacantes. Durante años, las operaciones más sofisticadas requerían conocimientos técnicos, experiencia y recursos. Ahora, algunas de esas capacidades empiezan a estar al alcance de personas que apenas saben utilizarlas. “Estamos ante actores que no necesitan necesariamente saber lo que están haciendo. No necesitan grandes capacidades técnicas porque el hacking se ha democratizado”, advirtió Meyers.
El problema no es únicamente quién puede atacar, sino a qué velocidad. Según explicó, mientras que en una intrusión dirigida por una persona era habitual observar unos 40 comandos por hora, las operaciones apoyadas en agentes de IA pueden superar los 1.500. CrowdStrike asegura haber identificado más de 150 operaciones de intrusión orquestadas mediante IA durante octubre.
“La amenaza no es solo la velocidad, sino también el volumen”, señaló Meyers, convencido de que 2026 marcará un punto de inflexión: “Si tuviera que apostar, diría que 2026 será el año del adversario agéntico”.
A esta transformación se suma la aceleración en el descubrimiento y explotación de vulnerabilidades. “Llevamos una década diciendo que hay 30 días para parchear. Ese plazo ha quedado obsoleto”, aseguró el directivo, añadiendo que sólo en octubre se notificaron 17.060 y alertando de que algunos atacantes están utilizando IA para desarrollar métodos de explotación en menos de 24 horas.
El peligro también puede estar dentro
Pero las amenazas que llegan del exterior son sólo una parte del problema. En la misma jornada, el presidente de CrowdStrike. Michael Sentonas, planteó una cuestión que obliga a mirar también hacia los sistemas que las propias organizaciones están incorporando: “Los agentes no tienen que ser maliciosos para resultar peligrosos. Pueden seguir instrucciones legítimas, utilizar credenciales legítimas, acceder a sistemas legítimos y, aun así, hacer algo que nadie pretendía”.
La reflexión tiene implicaciones importantes. Las empresas están comenzando a utilizar agentes capaces de consultar información, ejecutar código, conectarse a aplicaciones y tomar decisiones sin intervención humana constante. Y esas capacidades, que prometen mejorar la productividad, también introducen riesgos que los controles tradicionales no siempre permiten identificar. Una reflexión que llevó a Michael Sentonas a decir: “Hemos pasado décadas protegiendo lo que el software puede hacer. Ahora tenemos que proteger lo que el software decide hacer”.
“No esperéis a que un agente se descontrole para descubrir que nadie sabe cómo apagarlo”
Ya no basta, por tanto, con saber quién accede a un sistema. También es necesario comprender qué hace, por qué lo hace y si esa acción resulta adecuada. “La autenticación te dice quién es el agente, no si su siguiente acción es segura”, advirtió.
El presidente de CrowdStrike propuso cinco prioridades para abordar este escenario: conocer qué agentes operan en la organización, observar sus decisiones, asignarles identidades propias, controlar sus acciones y disponer de mecanismos para detenerlos.
Sobre este último punto fue especialmente gráfico: “No esperéis a que un agente se descontrole para descubrir que nadie sabe cómo apagarlo”.
La defensa también tendrá que aprender a actuar
La tercera jornada de Fal.Con Europe sirvió igualmente para mostrar cómo CrowdStrike está trasladando esta visión a su plataforma.
La compañía presentó avances en Falcon Guardian para supervisar agentes durante su ejecución, mecanismos de interrupción mediante un AI kill switch, nuevas capacidades de observabilidad asociadas a Fiddler AI y una propuesta para dotar a los agentes de identidades y permisos propios.
También mostró cómo el SOC agéntico puede investigar situaciones en las que un agente autorizado termina comportándose como una amenaza interna. En una de las demostraciones, una solicitud aparentemente rutinaria de revisión de código acababa desencadenando un intento de extracción de credenciales por instrucciones maliciosas ocultas en una herramienta.
Por su parte, Adam Meyers presentó capacidades de emulación agéntica de adversarios basadas en SafeMind, diseñadas para reproducir técnicas de ataque, descubrir posibles rutas de intrusión y comprobar si las medidas de protección son eficaces. “La primera vez que descubras una ruta de ataque no debería ser cuando un adversario ya la está utilizando”, resumió.
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