Las empresas llevan años intentando resolver un problema recurrente de seguridad: cuentas de antiguos empleados que siguen activas, usuarios con más permisos de los necesarios y credenciales que nadie se encarga de revocar. La llegada de los agentes de inteligencia artificial añade una nueva dimensión a esta situación. El problema de fondo es el mismo, pero ahora las organizaciones pueden tener muchos más agentes que empleados, y estos pueden acceder a información, utilizar aplicaciones y ejecutar acciones sin intervención humana.
Un informe de Arrakis Security pone cifras a algunos de estos riesgos. Según su estudio 2026 Autonomous Agents Threat Report, el 76% de los agentes de IA analizados llevaba al menos 60 días sin ejecutar ninguna tarea, pero mantenía activas sus credenciales y conexiones. Además, el 44% llevaba seis meses sin actividad.
Más identidades, más permisos y menos control
Cuando un empleado cambia de puesto o abandona una empresa, sus permisos deberían revisarse o retirarse. Sin embargo, estos procesos no siempre funcionan como deberían. Algo parecido sucede con las cuentas de servicio y las credenciales utilizadas por aplicaciones y procesos automatizados.
Con los agentes de IA, la situación puede complicarse. Una empresa puede desplegar numerosos agentes para realizar tareas concretas, conectarlos a distintas aplicaciones y darles permisos para consultar información o ejecutar operaciones. Algunos seguirán utilizándose; otros quedarán abandonados cuando termine el proyecto para el que fueron creados. Sin embargo, sus credenciales pueden permanecer activas.
Además, no siempre existe un responsable claramente identificado que supervise estos agentes y se encargue de retirar sus permisos cuando dejan de ser necesarios.
El estudio de Arrakis también señala que el 20 % de los agentes examinados podía delegar tareas en otros agentes con permisos diferentes y obtener resultados a los que no debería tener acceso directamente. Esto complica el control de los privilegios cuando varios agentes colaboran para completar una operación.
El riesgo de un agente inactivo
Uno de los datos más llamativos del informe es que el 24 % de los agentes inactivos podía activarse mediante una llamada externa a través de un webhook sin firma. Es decir, podían ponerse en marcha mediante solicitudes cuyo origen no estaba debidamente verificado.
La investigación también revela que el 70 % de los agentes analizados tenía acceso a servicios que manejan información sensible, mientras que el 22 % podía enviar información a modelos de IA gestionados por terceros.
En conjunto, el 82 % de los agentes examinados presentaba al menos una exposición de seguridad. Esto no significa que todos fueran vulnerables o hubieran sufrido ataques, pero sí que mantenían permisos o conexiones que podían aumentar el riesgo.
La cuestión de fondo es que la cantidad de agentes puede crecer mucho más deprisa que el número de empleados, especialmente si diferentes departamentos comienzan a desarrollar sus propias automatizaciones. Y no todos tienen las mismas capacidades: algunos sólo consultan información, mientras que otros pueden modificar datos, ejecutar procesos o interactuar con sistemas críticos.
Por eso, las empresas tendrán que aplicar a los agentes de IA controles que ya deberían utilizar con las identidades humanas y las cuentas de servicio: mantener un inventario, asignar responsables, limitar los permisos y retirar las credenciales que ya no sean necesarias. A ello se suma la necesidad de supervisar qué acciones pueden ejecutar y cómo interactúan entre sí.
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